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Viernes, 01 Diciembre 2023 17:42

LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA - CAPÍTULO 21 "Ni burros ni mulas"

 Ni burros ni mulas

 

Unos alemanes se marcharon de Alcandora y con ellos los burros. ¿Dónde hay burros? Alguien comenta que por la Sierra Gran- de quedan algunos, hay que buscar entre los algarrobos y encinas, cerca del pinar, allí donde prendió el último fuego. ¿Hacia el Picacho? No, todo derecho me pareció verlos.

Las chumberas están gordas, hinchadas de agua, relucen el verde de tanta lluvia. El calor del día es parecido, dicen, al que décadas atrás apretaba las seseras de los segadores en la Huerta de don José. También mencionan que en algún lugar han visto fotografías del tío Pedro subido en su burro cuando iba a por agua a la fuente de antes.

A la izquierda del camino un sendero enfila hacia un minúsculo valle en el que hay un par de casas. Neske Wouters, holandesa afincada en Sierra Grande desde el año 96 de la anterior centuria, traspasa con mirada interrogante el cristal de sus gafas ante la visita del forastero. En el Rincón de Piedras Blancas, en plena Sierra, Neske recuerda cuando… «teníamos más de una docena de burros, hacíamos paseos por el campo. Pero los españoles no han tenido ningún interés, en siete años no ha llegado ni un turista español para ver los burros, solo holandeses, ingleses o alemanes.

¿Qué les pasa a ustedes, los españoles, con los burros?». Buena pregunta, sin duda.

Neske Wouters cuenta que, en el año 92, una Fundación se estableció en las cercanías con el objetivo de la conservación del burro… «empezaron a criar, tenían machos y hembras, pero no sé exactamente por qué lo dejaron, seguramente porque no tu- vieron ayuda de las administraciones. Muchas buenas palabras, pocos hechos. Lo dejaron. Hicieron proyectos para la protección de la tortuga mora, un jardín botánico… y lo de siempre, ningún apoyo». Neske enmudece breves instantes para no ser esclava de las palabras que rondan su pensamiento.

En la ladera colindante a la casa de Neske se aprecia una cerca con dos hileras de alambre. Explica que no es un alambrado, sino un cable que provoca pequeñas descargas eléctricas si se toca…, ”yo no quiero que los animales de los vecinos vengan por aquí y no quiero que mis animales vayan adonde mis vecinos, es una cuestión de respetarnos, de no causar molestias sin necesidad”.  Además, con un susurro, deja caer que así los tiene controlados, no quiere que se le escape ninguno, aunque ni al burro más tonto de este mundo se le ocurría abandonar semejante paraíso, semejantes cuidados… «los gastos que originan son iguales a los de los caballos: veterinario, medicamentos, vacunas, no hay diferencia, más la alimentación».

El lejano ruido de un motor advierte de faenas agrícolas al otro lado del monte… «es mi marido, Ernie Koeman, dentro de poco se acercará, es la hora de la comida. Yo trabajo con los burros ahora solo por capricho, porque me gustan esos animales y es una lástima que aquí se hayan olvidado totalmente de esta especie, los vamos a perder. Soy feliz porque en Alemania, en Inglaterra, los tienen y trabajan con estos animales, no los olvidan en una cuadra oscura. Tengo contacto con las familias inglesas y alemanas que han acogido animales que teníamos nosotros y una o dos veces al año hago un viaje para verlos. Trabajamos mucho también con el Refugio del Burrito. Ellos se ocupan de la protección de animales. Si vemos un mulo, un burro o un caballo en malas condiciones, los avisamos y vienen a recogerlos».

Neske conoce, mantiene contactos con asociaciones que intentan evitar la desaparición del burro como raza… «si alguien tiene un burro y por cualquier causa no lo puede mantener o se quiere desprender del animal, que avise al Refugio del Burrito, una asociación inglesa que trabaja muy bien, tienen unos ciento veinte burros, creo que en Cataluña, y se ocupan de los animales maltratados, solo burros o mulos».

Ella, Neske, siente predilección por una burra de capa blanca a la que llama Perry. La burra oye su voz y se acerca pasito a pasito hasta apoyar su frente mimosamente en el hombro de Neske que, sonriente, le acaricia la cara alargada y no muy ancha. El animal sigue los pasos de Neske tal cual lo hiciese un perrillo. Sierra Grande espera tranquila el verdadero otoño; en el Rincón de Hortensias unos cuantos burros y mulos se saben al cobijo de Neske Wouters.

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Ricardo Alba Santamaría