fbpx
Lunes, 23 Octubre 2023 19:00

LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA - CAPÍTULO 16 "Pescadores de luna llena"

Pescadores de luna llena

 

 

El día de san Lorenzo, el litoral Mediterráneo de Alcandora estaba tomado por pescadores de sueños, de poemas, de canciones, de epopeyas, de hazañas, de promesas. Se aprestaban a pescar la luna porque al decir de los sabios: la luna llena se encontrará el día 10 de agosto en el punto de su órbita más cercano a la Tierra, el perigeo, por lo que será apreciable más grande y brillante de lo normal. El perigeo, ¿quién puso un nombre tan feo a un acontecimiento tan hermoso? Pues explican otros sabios que esta horrenda palabra es un adjetivo descendiente del griego antiguo, del clásico. Con la de palabras bonitas que hay en griego y en cualquier idioma… Vamos, vamos.

Allí puestos los pescadores, en hilera paralela a la orilla del mar, de la mar, sin caña, sin sedal, sin anzuelo, sin cebo…, estos avíos habían sido sustituidos por cámaras fotográficas, trípodes, teleobjetivos y paciencia. La paciencia del pescador. Abajo, en la mar ondulada con ribetes blancos como esponjas blancas, los bañistas aprovechaban el último clareo del día.

En los parques infantiles cercanos jugaban personajillos encantadores, se lanzaban una y otra vez por un diminuto, para ellos gigantesco, tobogán entre risas, felizmente ajenos a lo que no fuera sentir el vértigo del momentáneo descenso. Se acercaba la hora de la cita, en breve aparecería la luna, la gran luna. Los pescadores intercambiaban consejos, sugerencias de aberturas, velocidad, en tanto se encendían las luces de despedida a la luz solar.

Y apareció a la hora en punto, ni un instante más, ni un instante menos. La luna se iba haciendo magnífica, rotunda, esplendorosa, sabedora de su gran atractivo, de ser el objeto de miles, de millones de ojos puestos sobre ella. Clic, clic, clic, clic… una y otra vez y así hasta miles, millones de veces. El concierto de las cámaras fotográficas era parejo al del sonido de las olas, parecían haberlo convenido.

El mar, la mar, se aquietaba por momentos, entregaba todo el protagonismo de la escena a la gran luna blanca con surcos grises. Una solería blanca de color blanco luna marfil dividía la mar en dos, era una invitación a emprender camino hacia la huella de Neil Armstrong.

La luna había dado su consentimiento a que las parejas enamoradas se autorretrataran con ella. Inés, Ana, Candela, Isabel y Carlota, las cinco con su camarita, decían haber visto a las hadas de sus sueños pero que al ser seres mágicos no podían salir en las fotos. Algunos mayores aseguraban haber visto de nuevo a E.T. camino de casa; otros, en cambio, fotografiaron al lobo que invoca su amor a cada luna llena. Cada quién y cada cuál pescó su luna en la noche de san Lorenzo, la tuvo entre su alma un rato y, después, la devolvió de nuevo al cielo.

Ella, la luna, prometió a todos volver en veintiocho días, quizá no tan grande, tal vez no igual de resplandeciente, pero siempre dispuesta a no moverse de su sitio porque enamorados, poetas, locos, pintores, gatos, desconsolados, fotógrafos, niños, soñadores, magnolias, luciérnagas, melancólicos, la humanidad entera necesita alguna vez, tal vez una sola vez en la vida, pescar una luna.

No te lo pierdas: Alcandora (1.er trimestre de 2024)

PORTADA DE LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA 

Las ovejas duermen en familia (2ª edición)

PORTADA DE LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA 

Contacto

Si deseas realizar cualquier consulta no dudes en contactarme:
  autor@ricardoalba.es

Ricardo Alba Santamaría