fbpx
Lunes, 09 Octubre 2023 18:00

LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA - CAPÍTULO 14 "Helen Bird, Helen de la Copla"

 Helen Bird, Helen de la Copla

 

Helen de la Copla sentó sus reales más allá de Alcandora, en la sierra de Quintas, exactamente en Los Verdeles, un paraje con entre quince y veinte viviendas, algunas habitadas por españoles, la mayoría por extranjeros de diferentes nacionalidades.

En Los Verdeles, lindante con Fuente Seca, no hay bares ni iglesia ni tiendas, nada. Conocí a Helen en Londres, en un concierto, era una excelente intérprete de ópera. Su voz de contralto tenía un registro prodigioso, por delante la esperaba una brillante carrera. Algo de amores la apartó de los escenarios, no le gusta hablar de ello. Buscó el lugar del mundo más recóndito donde refugiarse y pasar al olvido. De entre los que barajó, a Helen, Helen de la Copla, Los Verdeles le pareció un lugar mágico, precioso. Cuando hace doce años se decidió, Los Verdeles solamente era habitada por dos parejas de holandeses.

Al principio pensé que iba a durar poco. Helen Bird cantó y montó operas durante años, estaba educada para ello. Un buen día, cosas de la vida, se topó con el papel de interpretar a una gitana de las de García Lorca. A Helen, como dice la canción, se le pararon los pulsos, investigó en la obra del poeta y se enamoró de España. Me lo contó en una de sus habituales llamadas telefónicas desde cualquier lugar del planeta.

Otro buen día, cosas de la vida, se plantó en Alcandora, en mi casa. Quería conocer la zona y que la llevase a la finca de Las Ascuas; el lugar fue un chispazo para ella y descubrió Los Verdeles. El sitio la embrujó. Jamás pensé que algún día ella volviese allí, mucho menos a vivir.

De cuando en cuando pasaba a visitarla. Con un té de por medio, en una tarde tumbona, Juana la Cantaora desenvolvió algunos de sus pensamientos: “Lo que me gustó es que Los Verdeles se repobló con extranjeros sin mucho dinero, aunque con ánimo para arreglar ellos mismos las casas, algunas en ruina, personas entendidas en fontanería, en electricidad, en varios oficios. Todos somos diferentes, como es distinta la procedencia de cada uno, sin embargo, tenemos algo en común, una vida sana y sencilla”. Helen cayó en la cuenta de que los recién llegados no se interesaban por aprender el idioma y que al menor problema se marchaban, pensé que esto no era bueno para la comunidad. “Entonces, pregunté a la gente qué es lo que se echaba en falta y qué era eso por lo que uno se quedaría. Con una vecina, empezamos a trabajar en el tipo de sociedad en la que queríamos vivir para el futuro. Hice una reunión con las personas del pueblo y les pedí que me dijeran lo que les faltaba aquí. Después me interesé por saber qué estaban ellas dispuestas a dar por la comunidad, parafraseando a Kennedy. Cada uno fue aportando, fundamentalmente, conocimientos y tiempo: yo me puedo dedicar a esto, yo a aquello otro; de tal modo que descubrimos en cada uno de nosotros un papel, una función que desempeñar”. Vaya, un intercambio de tiempo y talento.

La casa de Helen Bird está amueblada con una estufa y obras de Monteverdi, Haydn, Mozart, Beethoven, Rossini, Weber, Meyerbeer, Verdi, Wagner, Puccini…, interpretación y música unidas para crear algunas de las obras más bellas y conmovedoras de la historia. Afuera, Helen de la Copla ha cedido a la comunidad el uso de un terreno para cultivo biológico, ha acondicionado su garaje como taller.

Helen detalla la contribución de cada uno a la comunidad: «Intentamos hacerlo todo mediante el intercambio de nuestro tiempo y energía, utilizando el reciclado; evitamos, cuando es posible, el uso del dinero. Un vecino fontanero aprende en la actualidad a hacer mosaicos, cosa que posteriormente enseñará a los demás. Una vecina enfermera nos va a enseñar, a todos, las técnicas de primeros auxilios. Otra vecina se ocupa de ponernos al corriente en información práctica. Si alguien cae enfermo, todos nos turnamos en sus cuidados; en fin, es un sistema humanitario. También tenemos cine, la pantalla es el muro blanco de mi casa, y una vez al mes vemos una película subtitulada en inglés o español, según sea el idioma. Después charlamos alrededor de una pequeña fogata y nos abrigamos con mantas si hace mucho frío». Como hay Dios que hace frío en lo alto de la sierra de Quintas.

A primera vista me pareció un universo sencillo, particularmente humano, dentro de otro universo que a su vez estaba dentro de otro, al modo y manera de las matriuscas rusas. “Nuestro primer interés es mantener la mentalidad ágil y el sentido de la responsabilidad para el tipo de comunidad en la que deseamos vivir. Lo importante aquí es que todo el mundo piense en participar, in- dependientemente de su condición económica, asegurar que cada uno sepa el servicio que como vecino puede ofrecer”.

Entendí que Helen Bird, guiada por el deseo de que Los Verdeles no se quede sin habitantes, ha dado origen a un sistema de vida que trata de solucionar los retos psicológicos de una comunidad multicultural, como el aislamiento, el miedo a la enfermedad, el deseo de ser útil, además de barreras lingüísticas o problemas burocráticos.

Helen y los residentes de Los Verdeles, todos los vecinos, han desatado el potencial del Poder Gris, el más poderoso, el de la mente humana. Hoy, Helen Bird, Helen de la Copla, se dedica a dar clases magistrales y montar representaciones musicales con los jóvenes solistas que empiezan la carrera, especialmente con la ópera Nacional de Budapest, en Hungría, país al que viaja cada tres meses. Y es feliz.

No te lo pierdas: Alcandora (1.er trimestre de 2024)

PORTADA DE LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA 

Las ovejas duermen en familia (2ª edición)

PORTADA DE LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA 

Contacto

Si deseas realizar cualquier consulta no dudes en contactarme:
  autor@ricardoalba.es

Ricardo Alba Santamaría