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Viernes, 16 Febrero 2024 16:45

Radio o pódcast: ¿y tú de quién eres?

La radio

 

 

Según el Estudio General de Medios (EGM), en España cada día siguen escuchando la radio más de 20 millones de personas. No parece, pues, que esté en juego su supervivencia. De hecho, la radio tradicional se está adaptando a la creciente práctica del podcasting convirtiendo sus contenidos a ese formato o vía streaming. Y muchos de ellos son los más descargados, pero no es esa la verdadera naturaleza del pódcast. Nada más lejos que ser simplemente "un programa de radio que se descarga".

El pódcast, una apuesta por el nicho

La radio, por definición, busca difundirse a una audiencia amplia, mientras que el pódcast es todo lo contrario, está dirigido a una audiencia nicho muy específica. Aunque comparten aspectos similares, el podcasting es en realidad una evolución de la radio, una especie de puesta al día con los tiempos que corren, las nuevas herramientas y los nuevos hábitos de consumo. Más accesible y democrática.

"La gran ventaja del pódcast, y la razón por la que lo prefiero a la radio convencional, es que tú eliges lo que te interesa escuchar. Por ejemplo, si te gusta el cine tienes programas específicos que hacen extensos monográficos analizando películas, géneros o directores, algo que jamás podrías encontrar en la programación radiofónica habitual. Y más importante, están hechos por gente que de verdad sabe de lo que habla, no por opinadores de todo", nos cuenta José Luis, de 49 años.

Efectivamente, un pódcast, un buen pódcast cabría añadir, es un contenido altamente especializado. Tiende al análisis y a la reflexión. Y los hay para todos los gustos. Sus responsables suelen ser expertos en la materia de la que hablan. Ya sea cine ('La Script'), historia ('Todo Concostrina'), true crime ('Criminopatía') feminismo ('2 rubias muy legales') o lo que surja ('Nadie sabe nada'). Transmiten una pasión que se contagia al oyente y eso termina creando una conexión emocional muy potente entre ambos que es difícil de replicar en la radio convencional. Pueden crearse vínculos más fuertes, se potencia un sentimiento de pertenencia que hace que el oyente sea más activo.

Cuando quieras, como quieras y donde quieras

No menos importante en el auge del pódcast es la libertad que ofrece para ser escuchado cuando tú quieras. Su atemporalidad no va ligada a un estricto horario de emisión, ni a un día concreto, ni a una línea editorial concreta. Los episodios se pueden descargar y reproducir desde cualquier dispositivo. "Lo puedo escuchar cuando me da la gana, en el coche, en el gimnasio o mientras preparado la cena, y no necesito siquiera la WiFi o consumir datos. Basta con descargarte previamente lo que vas a querer escuchar", explica José Luis.

Además, la cantidad casi ilimitada de duración que permiten las plataformas de streaming como Spotify, Ivoox o Youtube faculta a los creadores de contenidos a explayarse todo lo que consideren necesario en un tema o experimentar con diferentes formatos, a diferencia de la radio, donde el tiempo está muy medido y mediatizado por las pausas comerciales. "Yo decido cuándo hago la pausa, no la publicidad", agrega Jose.

Los anuncios son la base sobre la que se sostiene la radio, pero en el mundo del pódcast la publicidad no es tan decisiva. Lo es más la contribución de los oyentes más comprometidos, o mecenas, que permiten la creación de más contenidos. Sin llegar al paso del mecenazgo, en el pódcast existe la suscripción, ese paso que implica un compromiso de escucha que va un paso paso más allá que la radio.

La radio y el vértigo de las 'cosas del directo'

Frente al soplo de aire fresco del podcasting, la radio tradicional tiene sus propias ventajas. No olvidemos que es el medio más vivo, el más adecuado si se trata de mantenerse informado de la actualidad. "Sigo prefiriendo escuchar la radio convencional porque me gusta estar al tanto de las noticias de última hora, de lo que pasa en el mundo y de la interpretación que se hace de ello. Eso no lo vas a encontrar en un pódcast", sostiene Fernando, de 51 años.

Efectivamente, la radio es un medio más ancho que el pódcast. Incluye una variedad de temas como son noticias, entrevistas, deportes, entretenimiento, crónica rosa o el tiempo. Y tiene el vértigo y la inmediatez de las 'cosas del directo', de la posibilidad de que ocurra la inesperado, sin la red de seguridad que ofrece la edición.

También a su favor juega la fuerza de la costumbre, especialmente entre las generaciones mayores que crecieron escuchándola y que no han perdido el hábito. Por ejemplo, son muchos los adultos que, desde las noches de Supergarcía o El Larguero, acostumbran a escucharla por la noche antes de ir a dormir.

Tampoco se puede obviar el efecto autoridad que aún tienen las ondas. Los programas de radio más populares tienen mucho que ver con la personalidad de sus conductores e invitados, la inmediatez y su habilidad para comunicar. "Honestamente, prefiero saber qué opina Carlos Boyero de una determinada película, un tipo que lleva viendo cine toda su vida y de cuyo criterio me fío, que lo que tenga que decir Perico de los palotes", argumenta Fernando.

El pódcast no matará a la estrella de la radio

          Si el vídeo no mató a la estrella de la radio, el pódcast tampoco lo hará. En realidad, por todo lo que hemos visto, ambos medios son más complementarios que rivales, no tienen por qué ir uno en contra del otro. La radio es para esos momentos en los que buscamos inmediatez, actualidad y espontaneidad. Los pódcasts son para cuando buscamos un contenido más especializado y una escucha más íntima.

En cuanto a la interacción social que generan, ambos se parecen más de lo que algunos quieren reconocer. El primero permite una participación inmediata mediante llamadas telefónicas y mensajes, mientras que el segundo suscita más interacción en las redes sociales como X. Sí que es innegable que este equilibrio entre ambos formatos ha transformado la forma en que hoy consumimos información y entretenimiento. Y todo hace indicar que en el futuro más cercano seguirá transformándose.

 

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Ricardo Alba Santamaría

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