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Miércoles, 27 Marzo 2024 12:58

El hombre que salvó a 669 niños

 Salvar más de 600 vidas

 

 

En 1939, Nicholas ‘Nicky’ Winton, un inglés de 29 años que trabajaba como corredor de bolsa (al que dan vida en distintas épocas de su vida Johnny Flynt y Anthony Hopkins), con la ayuda de su madre (Helena Bonham Carter en la pantalla), coordinó, con el consiguiente riesgo para su propia existencia, el traslado desde Praga a Londres de cientos de niños amenazados de muerte por las leyes raciales promulgadas en Checoslovaquia tras la invasión del país por los nazis. 

          Winton mantuvo su heroica iniciativa en silencio durante cinco décadas. No fue hasta los años finales de la década de 1980 cuando su esposa Grete encontró en el desván de su casa una vieja cartera de cuero que contenía las fotos y las fichas de cada uno de los niños rescatados. Hasta entonces, Winton no le había contado a su mujer nada de lo acontecido.

A raíz de la confesión, Grete contactó con Elisabeth Maxwell, historiadora especializada en el Holocausto y esposa del magnate Robert Maxwell, propietario de periódicos como el Daily Mirror o el Sunday Mirror. Maxwell, de origen checo, quedó tan impactado por el relato que decidió publicar la historia en sus diarios. Mas tarde, la BBC destinó programas a difundir los hechos y Winton pasó de ser un personaje anónimo a un héroe reconocido, entre otros títulos, con el de Liberador de la Ciudad de Praga, que recibió de manos de Václav Havel en 1998, o el británico de Sir en el año 2002.

Así lo cuenta Barbara Winton, hija del protagonista de los hechos, en su libro Los niños de Winton (editado en español por Nagrela Editores), en el que fielmente se basa una película emotiva de principio a fin, pero que no cae ni precisa de lo lacrimógeno para atrapar al espectador. 

Barbara, conocida activista en el apoyo a los refugiados, sigue siendo la fundamental impulsora del Sir Nicholas Winton Memorial Trust, creado con el objetivo de preservar la figura de su padre e inspirar actividades solidarias.

Anthony Hopkins, que da credibilidad absoluta al personaje que interpreta, conoció personalmente a Winton, lo que le animó a aceptar el papel. Además, ha confesado que no pudo negarse al ofrecimiento por su gran amistad con el desaparecido director de origen checo Karel Reisz (Isadora, La mujer del teniente francés, Sweet dreams, etc.) que fue uno de los niños evacuados de Praga en los trenes de Winton.

Cuando el ejército alemán comenzó a ocupar los Sudetes, la región norte de Checoslovaquia, miles de familias buscaron refugio en Praga. Desde allí, Martin Blake, profesor del Colegio Westminster y miembro del Comité Británico para Refugiados de Checoslovaquia, que era amigo de Winton, le pidió que acudiera a la capital checa, en donde pudo comprobar las terribles condiciones de los atestados campos de refugiados.

Esa fue la mecha que le llevó, en principio desde la propia ciudad y después desde Londres, a recaudar fondos y buscar familias de acogida para trasladar a los niños a un lugar más seguro, sabiendo que no le quedaba mucho tiempo antes de que los alemanes rompieran el Pacto de Múnich de septiembre de 1938 e invadieran Checoslovaquia.

El primer envío de niños salió de Praga en avión el 14 de marzo de 1939, veinticuatro horas antes de que el Tercer Reich invadiera el país.  Entre marzo y agosto, Winton y sus colaboradores organizaron otros siete transportes por ferrocarril. El último salió de Praga el 2 de agosto de 1939, un mes antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Los trenes tenían como destino la estación de Liverpool Street, en Londres, donde esperaban las familias de acogida. Estaba previsto que el octavo tren, en el que viajaban 250 niños, circulara el 1 de septiembre, pero ese mismo día Alemania invadió Polonia y cerró las fronteras. Ninguno de los menores volvió a ser visto.  Esas víctimas se sumaron a los más de 15.000 niños que perecieron asesinados en Checoslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial.

La gesta de Nicholas Winton, que murió en Londres el 1 de julio de 2015 a los 106 años de edad, ha sido comparada con la de Oskar Schindler, el protagonista de la película de Spielberg, que salvó la vida de al menos 1.200 personas empleándolas en sus fábricas de Polonia y Checoslovaquia durante la guerra; o el diplomático español Ángel Sanz-Briz, que desde Budapest salvó la vida de unos cinco mil judíos húngaros proporcionándoles pasaportes españoles.

“Si algo no es imposible, entonces debe haber una manera de hacerlo”. Como confesó el propio Winton, esa idea estuvo en el origen de una hazaña de la que nunca se sintió completamente satisfecho, pues “fueron muchos los niños que no pudieron ser salvados”. Aun así, los 669 que al ser evacuados pudieron sobrevivir han dado lugar a los más de 6.000 que hoy, como descendientes de aquellos, siguen disfrutando de la vida.

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Ricardo Alba Santamaría

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